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jueves, 1 de abril de 2010

Un año mas; tras los pasos del lince ibérico (2ª entrada)


Lo primero disculparme por la tardanza en publicar esta segunda entrada sobre nuestras andanzas tras el gran gato. Le echare la culpa a mi pereza y a algunos problemillas técnicos...

El tiempo era lluvioso, de hecho estábamos ante las lluvias mas copiosas en décadas en toda la zona de Andalucía. Por lo que el celo era bastante irregular, a veces oíamos maullar a algún ejemplar, pero aisladamente y no parecía que fuéramos a tener mucho suerte. De hecho los ejemplares que llegamos a avistar fugazmente no iban ni emparejados ni con crías del año pasado.


Perdiz roja (Alectoris rufa)

La cosa no pintaba nada bien y entre chaparrón y chaparrón se nos estaban acabando los días de nuestra estancia en Andujar... El último día nos avisaron de que en una zona cercana al sitio donde estábamos haciendo la espera, se había visto un lince, por lo que nos acercamos con la esperanza de tener mas suerte que los días anteriores. Y tras un copioso aguacero que nos obligo por enésima vez a refugiarnos en la furgoneta, alguien vio por fin al lince sentado plácidamente en uno de los abundantes bolos de granito lamiéndose, ajeno por completo a la espectación que levantaba. Yo había dejado la videocámara guardada en la furgoneta, así que el vídeo testimonial del avistamiento lógicamente no es mio, gracias por dejármelo publicar ;)

Lince ibérico (Lynx pardinus)

Después de unos minutos, el lince se perdió entre los matorrales y paso al otro lado del collado, por lo que nos movimos hacia atrás por las pista por si salía hacia el otro lado. No tuvimos suerte con el lince, y no pudimos verle de nuevo, pero ahí no se acabaron las sorpresas de ese día. Aprovechando que la lluvia había cesado unos cuantos buitres leonados se pusieron a solearse en lo alto de un gran bolo granítico.


Buitres leonados (Gyps fulvus)

También había unos pocos buitres negros entre los buitres leonados que aprovechaban los ratos de sol para secar sus alas y continuar con su búsqueda de carroñas.



Buitre negro (Aegypius monachus)


Pero eso si, durante todo el tiempo que pudimos ver buitres negros con buitres leonados los vimos juntos, no revueltos.

Buitre negro soleandose cerca de un grupo de leonados.

Y las omnipresente pareja de águilas imperiales seguía brindándonos bonitas estampas cuando nos sobrevolaba. Haciendo algunos pinitos con la técnica del digiscoping les pudimos sacar alguna foto testimonial en los arboles que utilizaban como atalayas.


Águila imperial (Aquila adalberti)

Aunque en esta ocasión pudimos ver al lince ibérico en estado salvaje, siempre te queda el mal sabor de boca de no haberlo podido disfrutar tanto como uno quisiera, que siempre es mas de lo que se dejan ver. Siempre te queda el consuelo de que la mitad de la gente que se acerca a Sierra Morena con intención de ver a este felino se vuelve sin poder haberlo visto, así que un avistamiento fugaz es mas que suficiente para quitarte el "mono" pero animarte a regresar para con un poco de suerte poder observar estampas como esta que pudieron disfrutar algunos compañeros de viaje años atrás.

Lince ibérico (Lynx pardinus), captura de video cedido.

jueves, 7 de enero de 2010

Un año mas; tras los pasos del lince ibérico (1ª entrada)

Gato clavo, gato cerval, onza, tigre, o lince, han sido algunos de los nombres vernáculos por los que se ha conocido al lince ibérico (Lynx pardinus). Antiguamente extendido por toda la península, hoy en día únicamente nos restan unas poblaciones relictas, sombra de lo que antaño fue, aunque parece que hay alguna población pequeña y aislada a parte de las dos conocidas. A lo sumo, nos quedarían 200 y pocos linces. Yo estos días pasados tuve la suerte de poder ver uno. Puedo añadir, que in extremis.

Todos los días nos desplazábamos en coche hasta el punto de observación en pleno corazón de Sierra Morena. Por el camino, conejos despistados, o somnolientos ciervos corren a resguardarse a nuestro paso y nos amenizan el trayecto, que se agradece y mucho. Aunque quizás el somnoliento era el que os escribe, porque con las primeras luces llegábamos al sitio en el que íbamos a realizar la espera y nos quedábamos hasta el anochecer. Repasando una y otra vez colina tras colina con nuestros telescopios. Pero lo cierto es que no teníamos demasiada suerte, y las observaciones eran fugaces y lejanas. Lo único que nos mantenía animosos era observar una pareja de águilas imperiales yendo de posadero a posadero.



Conejo cruzando la pista




Ciervas con crías al lado de la pista



Los dos primeros días nos acompaño el buen tiempo, pero no la suerte, y los demás días fueron mas afortunados en cuanto observaciones, pero definitivamente no tuvimos suerte con lo que al tiempo se refiere. Lluvia y mas lluvia, no había llovido así desde hacia 40 años. Sabemos escoger fechas ¿verdad?.

Tras uno de estos chaparrones que nos obligo a refugiarnos, comenzamos a oír maullidos de un ejemplar encelado, series de unos 5 maullidos que repitió 4, 5, 6 veces, la verdad es que no sabría decir cuantas fueron porque estábamos atareados intentando encontrarlo entre la maleza. Tarea que nos fue imposible por cierto, y nos tuvimos que conformar con oír al rey de la dehesa mediterránea.

Al rato regresamos a la zona de observación tras no haber podido observar a ese ejemplar y una vez allí, nos cae el jarro de agua fría... Habían visto a un ejemplar joven, probablemente de menos de dos años a unos 200 metros de donde hasta hace un rato nos encontrábamos y a 100 metros de nuestros afortunados compañeros. La observación había sido entre la lluvia y había durado una hora. Otra vez la suerte no nos acompañaba.

Al día siguiente mas de lo mismo, mas lluvia y poca suerte. La nota mas reseñable de ese día es que en el camino a la zona en la que realizábamos la espera un lince joven nos atravesó por delante del coche. Pero vamos, la mayoría de nosotros solo pudimos observar una ágil mancha dar un salto sobre la cuneta para alcanzar los matorrales. A parte de esto únicamente veíamos los ya habituales ciervos y gamos, a parte de muflones en menor numero y mas alejados.
Hasta que por fin vemos como varios compañeros de observación se trasladan con prisa a otra zona, la causa esta clara, esta vez si, esta vez han visto un lince. Pero para cuando llegamos el lince estaba encamado, a buen recaudo entre los bolos de granito. ¿Y quien le podría culpar? la verdad es que era la opción mas sensata con la que estaba cayendo.



Ciervo macho pastando
Gamo macho pastando


Después ya paro de llover, y pensareis que eso fue algo bueno, pero es que empezó a diluviar, con lo cual, con lince encamado o no, nos volvimos a resguardar en el coche, pensando que otra vez la diosa fortuna nos daba la espalda.

Esta vez estábamos equivocados y escampo, e incluso salio el sol. Y es que estábamos en Andalucía, donde esas cosas pasan, pero los del norte no estamos para nada acostumbrados. Volvimos a ponernos a la tarea de localizar el lince entre rocas, jaras y lentiscos. Y por fin las palabras mágicas, ¡ahí esta! ¡ahí esta! Y esas palabras solo pueden causar un efecto, histeria colectiva, o alegría. Todo depende de si has conseguido localizar al bicho o no. Al final poco a poco, vamos todos consiguiendo localizarlo. Estaba sentado lamiéndose placidamente encima de una roca ajeno a la espectación que causaba, bastante lejos de donde le habían visto encamarse.

Y tras unos segundos soleándose, comenzó a moverse monte arriba. También es mala suerte la verdad. Para un lince que conseguimos ver bien, decide que va a estar mucho mas agusto al otro lado del cordal, fuera de nuestra vista claro esta. Pero al lince ibérico se le permite, esta, y todas las licencias que quiera. A fin de cuentas esta es la joya de la corona, los últimos fantasmas de la dehesa mediterránea.

(En próximos días una nueva entrega del viaje a Sierra Morena)

miércoles, 7 de enero de 2009

Tras los pasos del lince ibérico

Tras la Nochevieja, el día de Año Nuevo, nos dispusimos a intentar hacer una buena entrada de año avistando al felino mas amenazado del mundo; el lince ibérico.

Para ello nos dirigimos hacia uno de sus últimos reductos en Sierra Morena, con la intención de estar en el monte de sol a sol para no perder ninguna opción. Aunque íbamos sobre aviso, siempre resulta chocante estar viendo el monte a través de vallas cinegéticas de varios metros de altura, pero bueno, quizás debemos a estas mismas vallas la supervivencia de este precioso animal.

Los primeros días pasaron rápido, sin ni si quiera oírse los típicos maullidos de la época de celo. Pero durante los desplazamientos o una vez apostados en la espera, siempre había algún ciervo, gamo o los mas esquivos muflones que hacían las delicias de los que los observábamos, e incluso en alguna ocasión pudimos grabarles de una manera testimonial.


Ciervo (Cervus elaphus)



Gamo (Dama dama)

Muflon (Ovis musimon)



Pasaban los día y nos íbamos quedando sin tiempo material, apariciones de fugaces aguilas imperiables nos acompañaban y el ultimo día, en un último intento, prestamos mas atención si cabe al monte mediterráneo que se extendía bajo nuestras improvisadas atalayas, pero tras las primeras horas la moral estaba baja, no había ni un atisbo de lince.

Suena un móvil, momento de tensión, tras unos segundos interminables, la confirmación, han visto un lince unos metros mas abajo. Tras las lógicas carreras que se sucedieron, nos tranquilizan, el bicho se ha visto fugazmente y ha desaparecido tras una loma. Solo lo han visto unos pocos y durante unos segundos y ya no se le volvería a ver mas. Al menos no nosotros, ya que por teléfono nos indican su posición, oculta ya a nuestros telescopios.

Maldita suerte que nos vuelve a ser esquiva, pero al menos el grupo no se ira en blanco, algunos han tenido suerte. Al parecer también había habido movimiento en otra zona ya que se acaban de cruzar en una zona mas alejada con una hembra y sus dos crías de 10 meses. La tarde no pinta mal, quizás halla suerte.

Al atardecer suena otra vez el móvil, esta vez no esperamos a la confirmación y salimos corriendo, estamos seguros de que es un lince. Se trata de una hembra y su cría, a mucha distancia y para cuando llegamos ya ocultos tras una loma. Los que los habían detectado nos informan a los rezagados de la zona en la que los han perdido. Un servidor, otea por el telescopio la zona una y otra vez, mientras oye resonar algún maullido lejano, tras un segundo de dubitación informa a los compañeros, ahí esta, ha vuelto a salir. Creedme si os digo que no acertaba a enfocar a la hembra de la tensión del momento, eran ya muchas horas en el monte esperando ese avistamiento. Observo a la hembra durante unos 15 segundos quizás, y se vuelve a perder. Me levanto y suspiro aliviado, lo he conseguido, he visto un lince ibérico en libertad. Me giro y veo a los compañeros con la misma cara de satisfacción, todos lo hemos podido ver. Pero ahí no acabaría la tarde...

En ese momento se escuchan unos maullidos que rasgan el aire. Los entendidos hablan casi susurrando, es un macho, es un macho y lo tenemos entre las rocas. Unos cuantos telescopios se prestan a la búsqueda roca por roca, hasta que lo localizan, y tras localizarlo se pierde y surge constantemente entre el paisaje de moles graníticas. Creemos haberlo perdido completamente, cuando alguien dice, esta en el camino. Imposible... Miramos y ni rastro. Por si acaso dejo la cámara enfocando hacia el camino, para entonces ya había recordado tras la emoción inicial que podría haberlo grabado.

Me incorporo y miro hacia el camino y no doy crédito a lo que veo, un punto en la lejanía en mitad del camino. Rapidamente aviso a los compañeros mientras enfoco la cámara hacia el lugar donde había visto el movimiento.

Enfoco la cámara con dificultad, y ete aquí que aparece un magnifico ejemplar de lince ibérico, por la complexión, la manera de moverse y los maullidos que habiamos escuchado con anterioridad, un esplendido macho. No solo he visto un lince ibérico en libertad, sino que he visto dos en el lapso de media hora y encima a uno le estoy grabando bajando por medio de un camino. No podía creerlo, pero el esfuerzo había valido la pena.

Espero que disfrutéis tanto como yo de los mejores momentos de este avistamiento.


Lince ibérico (Lynx pardinus)